domingo, 9 de octubre de 2016

El imperfecto porté.

El escenario a mis piés, yo en el suelo, y tú volando.

Noches eternas ensayando lo que sería mi noche final,
rodeado de alcohol, canciones sin sentido y gente de paso.

Elevo la mirada atrás y con cierta perfección ejecutas un distinguido porté,
un momento eterno, un pensamiento incierto y un deseo fugaz,
alguien me dijo hace un tiempo:
"una vez una estrella fugaz nos vió y pidió un deseo"
porque lo nuestro era aún más fugaz que un pequeño verano,
un largo invierno que transorfma sus noches en pérdida de ojalás,
y ahí te veo, entre tus olas elevando el porté hasta el cielo
brindando por todas las noches no vividas y perdidas,
tu movimiento me fascina aún ahogándome en tu eco,
que sale de mi garganta pidiendo algo más
como un chupito que calme mi sed de acción,
bailo, me muevo hasta acabar en innación
sentado en cualquier portal tratando de olvidar el camino que seguí,
y ahí seguías, danzando con mis sentimientos, jugando con cada uno,
eligiendo cada acción innacesible desde tu torre de control,
y te miro, otra vez más, con cierta pena, y pierdes todo el encanto,
se va la elegancia de tus actos, te me escapas de entre los dedos
y ahora me muevo por inercia lejos de ti, me escapo
a un lugar donde el baile aún es libre, donde mi escenario es mi hogar
y no tus pasos que me alejan de ti por cada beso perdido en pura inocencia.

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