miércoles, 25 de mayo de 2016

1:52

¿Alguna vez habéis visto la caída antes que el acantilado?
¿Alguna vez habéis visto un tren a punto de colisionar y os ha inundado vuestro interior de pura y puta impotencia?

Varios trenes viajan por la madrugada, con los ojos pegados por las legañas, sin saber cuál es su dirección fija,
no sé muy bien cuántos son, la niebla no me deja ver, o no tengo claro si son las lágrimas que quieren salirse de mis ojos para evitar los accidentes,
tampoco sé cuántos viajeros llenos de sensaciones y gritos van a bordo de aquella muerte anunciada por los maquinistas a través de una gruesa puerta que jamás se abrirá,
no sé las veces que he dicho que nunca iba a permitir una catástrofe de estas magnitudes, aunque jamás me imaginaría que acabaría siendo tan jodidamente fuerte,
tan machacador,
tan triste.
Esta noche es de luto para aquellos que esperan una vida mejor, un sentimiento duradero y correspondido, una eternidad de noches entre droga y alcohol, entre sexo y risas, entre caricias y miradas cómplices, entre los que somos nosotros y los que son ellos,
la oscuridad que atenua la luna llena nos la cedo, brindemos como dos trenes colisionando, dejando un bibrante sonido ahogado en silencio perpetuo, dando paso a un salado sabor de ojos, de boca, de madrugadas en vela y de velas en madrugadas.
¿Sabéis cuándo es muy tarde para volver atrás? Cuando darías tu puta vida por saber el final, y aún sabiendo el final, querer elegir las mismas cosas una y otra vez, porque nuestras primeras, segundas, o terceras veces las disfrutamos de verdad, y no importa cuántas veces acabemos ebrios de la emoción, siempre querremos más de lo que nos cabe dentro.
Lo duro es cuando sabes que jamás va a haber más,
que las sombras se comen el camino que veías metros atrás,
que es tiempo de caer en la sobriedad de una vida en caída.
Sentémonos y observemos cómo nuestras pequeñas personas convertidas en hogar explotan, se alejan, volando entre humo saliendo de brasas que quemarán cada noche, cada canción, cada poema.
Quedémonos quietos mientras miramos los trenes ir en dirección contraria, dirección suicida, dirección fácil, salida equivocada.
Miremos cómo... ¿sabéis qué? A la mierda esperar, a la puta mierda quedarse de brazos cruzados, hay que evitar el choque, al menos cuatro heridas podrían evitarse, y quiero correr, quiero chillar que todo va mal, que así no es como funciona en los cuentos que me contaban de pequeño. Cada día se torna más difícil, más gris, más solitario, más frío... como las vías del tren que pronto arderán.
Me dirijo corriendo hacia el lugar de la futura colisión, intento no dejar escapar un grito recordado,
sin pensarlo me pongo en medio de la vía, con los brazos extendidos hacia los dos trenes.
1:41- Miro a ambos lados, los trenes no tardarán mucho en llegar.
1:41- Cierro los ojos con todas mis fuerzas (esto va a doler).
1:41- Mierda, hay otros dos trenes que también colisionarán centímetros atrás, ya no hay tiempo, no hay más de mí, al menos no conocido.
1:41- Siento cómo me arden las llemas de los dedos y entonces ocurre lo que estaba esperan