sábado, 13 de febrero de 2016

Pluviófilo o lo que sea.

Y aún os preguntáis por qué me gusta tanto la lluvia...
El frío, el ligero viento, el aroma a tierra mojada que le acompaña,
limpia las calles, deja todo como estaba y hace brillar el suelo,
ellos bailan, cantan, dan paseos, se besan, imaginan una nueva vida...
lloran, divagan con su música, piensan, recuerdan antiguas vidas,
los nubarrones acompañan al uniforme cielo que siempre brilla tras las nubes,
las gotas camuflan nuestros llantos, nos permiten sentirnos acariciados,
abren nuestros pulmones, abren nuestros cerebros,
los pájaros son menos libres, pero los peces siguen siéndolo,
si no puedes volar habrá que aprender a nadar,
no puedes esperar vivir continuamente bajo el sol,
el cielo también se entristece y se desahoga,
siente y lo sento pero siento sus sentimientos como míos,
conecto con el ambiente, el sonido de las gotas contra la ventana,
me tumbo en mi cama y me siento igual de solo,
me gustan los días lluviosos pero me hacen un poco menos alegre,
porque...
el viento acaba llevándose todas aquellas nubes difíciles,
incluso las fáciles desaparecen dejando solo gotas a su paso,
el cielo se queda solitario, y al final es así cómo acabo...
todo el camino recorrido, tanto tiempo bailando bajo la lluvia,
tantas risas y canciones malgastadas con euforia calándonos,
yo y todos ellos y ellas, personas que como nubes se van yendo,
poco a poco, arrastradas por aire que al final acabo creando yo.
Y aún os preguntáis por qué odio tanto los días soleados...