sábado, 23 de enero de 2016

Agua siendo mente.

La ropa está mojada, se pega poco a poco a mi piel creando un fino escudo a medida que me protege de la luz,
estoy en la sombra, tumbado, mirando hacia arriba, pero no hay cielo, solo un techo de hojas y ramas bastas color marrón grisáceo.
Me levanto e intento ponerme en pie, pero enseguida tengo que apoyarme en el árbol más cercano para no caer plano sobre el suelo,
las piernas me fallan, quiero andar, salir de esa oscuridad tenue y desalentadora, quiero esperanza, quiero volar, me fallo a mí mismo, solo quiero llorar.
Abro bien los ojos, miro ampliamente a mi alrededor en busca de una salida, pero no hay luz en la inmensidad del espeso bosque que me rodea.
Oigo a los árboles hablar, cuchichean sobre mis mojados atuendos, sobre mi cara entumecida por el frío, sobre mi miedo interno que va comiéndose mi valentía poco a poco.
Me tapo los oídos e intento dar unos pasos en falso que me saquen de ahí, quiero llegar a mi hogar, a donde el sol resplandece hasta dejarte ciego, a mi mullida cama donde poder descansar finalmente,
pero fallo, me tropiezo con una gruesa raíz que parecía estar burlándose de mi pasado, de todo lo que tenía por verdadero y por propia religión, de aquellas noches pensando en todo siendo nada.
Cierro los ojos mientras mantengo las palmas de mis manos sobre mis orejas, "esto no puede ser real, debe ser una pesadilla", pataleo débilmente, grito, intento arrastrarme, pero las fuerzas son nulas.
A medida que van pasando las horas agonizando las copas de los árboles van decreciendo, dejando menos espacio entre sus tochas ramas y mi frágil mente, quiero huir, intento arrastrarme, pero alzo la vista, veo que el camino es infinito, y mis motivaciones se desvanecen como el vaho desprendido de mi interior a las dos de la madrugada una noche de enero, ya no tengo ganas, decido dejarme aplastar por las ramas.
Tarde.
Pronto.
Mi ropa encoge, el cuello empequeñece y me asfixia, me deja sin aire y sin pulso antes de tener un ataúd natural de madera.
Presión, angustia, ansiedad, el agua seguía apretando, asfixia, todos ahogados, todos perdidos, los días lluviosos ya parecían menos días y más noches.

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