martes, 6 de octubre de 2015

Quince minutos.

Me abrazabas y sentía el adiós de tu olor tocando mi cerebro, dejando su marca para poder recordarlo allá a donde fuese.
Todas las risas, las bromas, los abrazos, los besos, las noches acurrucados resguardándonos de la brisa fría que corría a las puertas del otoño, todo dejado en el pasado. Ese era nuestro sello de que jamás volveríamos atrás, que todo lo que eramos, fuimos, y nunca volveremos a serlo.
Te pregunté por qué permitiste que me enamorase de ti si sabías que no querías más, y no me respondiste.
Poco a poco nos separamos, nuestro abrazo fue como nuestra relación, primero poco a poco, fijas los brazos en la espalda del otro, y presionas, notas el calor, la acogida en su cuerpo, y te sientes libre pese a estar limitado, pero después te separas de golpe, dejas de notar la presión, y los brazos que te agarraban te sueltan, parece que te vas a caer, y solo lloras.
Fijé mi mirada en el suelo y jamás me sentí tan lejos de ti pese a estar a tu lado...
Me fui, te me fuiste.
Ese día no miré atrás, no esperaba verte corriendo hacia mí arrepentido con ganas de volver a darme otro abrazo o de recordarme que siempre habrá un sitio para nosotros en el universo, porque ya no era verdad, nunca lo había sido, pero lo deseaba...
Anduve diez metros antes de romper a llorar. Las lágrimas acariciaban mis mejillas queriéndome consolar. Ellas habían visto todo desde mis propios ojos, lo habían vivido conmigo y querían irse, no podían estar sin ti, me entendían a la perfección, no soportarían un mundo sin tu presencia, así que como tú, se marcharon.
Me paré en seco, intenté secar las lágrimas con mis manos, pero era inútil, salían tantas que no sabía si era yo o me había convertido en un profundo océano donde ahogarme a mí mismo.
Ni si quiera podía respirar.
Enchufé mis cascos al móvil, y como es inevitable, me puse una canción triste para poder sentirme identificado y no llorar solo tu despedida.
Anduve casi quince minutos sin parar de llorar, no miraba mi camino, no sabía cómo caminaba, y no sé si quería saber hacerlo... me estaba alejando de él... era inevitable... supongo que supe marcharme, como siempre, sin hacer mucho ruido.
No dije adiós, y no sé si me arrepiento o me alegro de ello.
Creo que lo primero.
Bueno, o lo segundo.

(Entrada escrita hace un tiempo)

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