viernes, 11 de septiembre de 2015

Y ahora qué.

Voy caminando, mi miedo aumenta según me sumerjo más en la oscuridad de aquél lugar que conseguía ponerme a salvo de mis pensamientos caóticos pero a la vez me ponía en peligro, pudiendo aparecer cualquier asesino en serie o monstruo que se antojase con mi cuello, pero eso solo sucede en las películas, y yo no estoy en ninguna, ya que en todas las películas hay finales felices, es lo que vende y gusta, pero aquí en la vida real los finales no son felices porque continúan de mal a peor, o al menos mejoran un poquito, pero te volverás a caer, de eso estoy seguro.
Me encuentro en el lugar más increíble de toda la ciudad sin exagerar, y es así ya que aquél sitio ni parece ciudad.
Me paro, me apoyo en un banco y miro las diversas luces que se alzan en el horizonte mezclándose y creando una gran extensión invadida por imaginarias luciérnagas, aquellos bichitos cuyo cuerpo luminoso se asemeja a una calavera, o a una calabaza de halloween.
No hay rastro de nube aparente en el cielo, genial, sigamos.
Un camino asfaltado lleva hasta el lugar en el que sucede la magia, donde todo lo que crees que es imposible se entrelaza con lo posible, donde reír, llorar, pensar, actuar, cantar mientras el sonido del agua tapa cada sílaba que intentas camuflar en la naturaleza.
Aquí está mi puente, tan largo y viejo como siempre. A cada paso que doy el puente retumba y hace que cada roca de su composición suene como si aquél infame puente se quejase a cada paso, aunque prefiero oírlo como agradecimientos que se compadecen de mí y me dan las gracias por convertir de vez en cuando aquél solitario lugar en un lugar menos abandonado.
Me sitúo en el medio del puente, me siento, enchufo los cascos a mi móvil, pongo música y ahí está, "Give me love" retumbando por mi cerebro, castigando cada emoción y haciendo salir las lágrimas por mis ojos.
Siempre igual, nunca aprenderé.
Me quito la mochila y me apoyo en ella utilizándola como almohada, dejando todo mi cuerpo en la fría superficie del suelo. Aquí pillo un resfriado seguro, pero me da igual, solo aquí puedo escuchar cómo se mezcla el sonido del río con mi música mientras miro las estrellas.
La Osa menor, Deneb, etc...
Normalmente parte del cielo está tapado por unos pocos árboles con sus hojas verdes que tanto me hacen pensar en la esperanza que tengo ante todo, pero había un fallo, por la noche ese verde potente no era tan latente.
Normalmente podía avistar tranquilamente más de seis o incluso ocho estrellas fugaces, y cada estrella pedía siempre el mismo deseo, y en parte se cumplió, pero la otra parte no, y esta noche no podía ver ni una estrella fugaz. ¿El cielo no quiere que desee lo mismo que deseé aquellas noches? ¿Es una indirecta para advertirme de que mis sueños ya son inexistentes?
Había venido aquí por si alguien venía a consolarme, pero lo único que aparecía aquí era el frío que cada vez se hacía más fuerte, quebrando uno a uno mis huesos que lentamente se convertían en cristal.
Esta noche estaba aprendiendo a que espero demasiado de la gente, que no todo es como espero y que ni mucho menos la gente que quiero es la que me quiere o la que me quiere es la que quiero, no puedo controlarlo, ni si quiera ellos a mí, todo es un río sin cauce que crece y engulle todo a su paso, destino a destino, persona a persona, recuerdo a recuerdo, todos los árboles que intentan aferrarse a la orilla pero que mueren agonizando entre mis sentimientos que forman aquella inundación.
Se nota que voy a golpes, cada hostia mayor, y no aprendo, solo convivo con mi gran estupidez.
Me levanto, el frío sigue aumentando, empiezo a andar, los sonidos de la naturaleza nocturna se enredan con mis sollozos y mis llantos, y una vez fuera, camino hacia mi casa.
No entiendo nada.

(Escrito el 24/08/14)

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