martes, 1 de septiembre de 2015

Marcando la estrella bajo tu pintura.

La noche nos ilumina vagamente a través de las finas nubes que vuelan encima de nuestros pensamientos. ¿Qué habrá dentro de aquella mente? ¿Me quiere? ¿Qué está pasando aquí? Me siento raro, como si mi afán por pedir deseos se quedase obsoleto.
Las barandillas parecen quedarse oxidadas, mi pintura ya no hace acto de presencia, y ya no sé cómo era todo antes. Quiero cambiarlo, me acerco y lo intento arreglar, busco la manera para darle el color blanco que le distinguía, pero solo consigo mancharme las manos de ese marrón anaranjado tan feo que me corroe la piel. Vaya impotencia sentía en ese momento... no paraba de gritar, llorar, intentar marcar lo que ya se había ido, me odiaba por ello, pero no era del todo mi culpa, tan solo dejé que el tiempo corriese por mis venas permitiendo que cada partícula de oxígeno oxidase todo cuanto tocaba. Ahora chirría, se oye desde cualquier parte del mundo. Cierra los ojos, ¿lo oyes? Ese ruido del contacto del metal oxidado contra otro material igual.
Me quiero tirar, la corriente ya me llevará a otro lugar, y si no es así... al menos que me ahogue, no merezco un nuevo sitio arbolado si no he sido capaz de evitar el deterioro del antiguo, alguien lo encontrará, lo restaurará, y ya no habrá marcas de mi existencia, bueno, tan solo por dentro de la nueva capa de pintura, aquella frase, dibujo, lo que fuese aquello que hice con miedo y rapidez.
Aquí estoy, a punto de saltar, mis lágrimas ya lo hacen, se precipitan al río acoplándose perfectamente, ellas no desentonan, escondidas pueden hacerse pasar por algo normal, una onda al caer que simula una sonrisa, una palabra más en frases banales de conversaciones entre dos desconocidos que jamás se conocerán. Pero, yo, si salto, me haré notar, la gente querrá salvarme, pero no comprenden que no quiero ser sacado de la corriente, quiero seguir mi camino, ser llevado a una nueva era, un nuevo siglo, algo que poder cambiar sin fastidiarla, tal vez en otra dimensión, donde los abrazos de despedida no duelan y los "te quiero" sean para siempre.
Escucho una canción en mi cabeza, golpeo el ritmo con mi dedo índice sobre mi pierna, estoy sentado en la barandilla, falta el impulso, pero la melodía me echa atrás, las palabras me sujetan y los recuerdos me estancan allí.
-Un beso silencioso en medio del ruido, una sonrisa nerviosa en una marea tranquila, un tacto suave con el estómago áspero, otro beso silencioso, y otro... y luego vinieron las estrellas fugaces.-
Las estrellas fugaces, según yo tengo entendido, son almas divinas que se quedan estancadas encima nuestra cada vez que pedimos un deseo, y solo desaparecen para convertirse en fugaces cuando nuestro deseo se cumple. Mi estrella está ansiosa por ver universo, y no soy quién para privarle de ello. En mi deseo no pedía nada de perderme en la corriente de un río abismal, así que me levanto, retrocedo, me tumbo en el suelo, y busco otra estrella fugaz.

2 comentarios:

  1. ACHO YO QUIERO UN DIBUJO PERPO GUAPO TE COMO TO.

    ATT: Sapa.

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  2. Sobre el cielo de mi ciudad hay cientos de millones de almas estancadas,ojos llenos de pájaros y mujeres con las rotondas más bonitas de la zona, tal vez solo tengas que desplazarte de barandilla,que por cierto,las hay muy bonitas por aquí.

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