sábado, 26 de septiembre de 2015

Llegamos tarde.

Llegamos siempre tarde.
Todos hablan de trenes que coger, y yo sé que nadie llega a tiempo.
Puede que ni siquiera existan los trenes de posibilidades que podemos escoger para una vida mejor, o que no se parezcan a la acepción que tenemos de ellos.
Creemos subirnos en uno en el que poder dormirnos sin darle importancia a las estaciones, la gente que entre y salga, o la voz que te avise de las paradas, pero llega el final del recorrido, y solo tienes dos opciones, volver a donde estabas o coger otro tren que te lleve aún más lejos, pero, el dinero no es ilimitado, y en algún momento se te acaban las opciones.
Muchos tratan de olvidar aquellas caras de los vagones, los recorridos que habituaban hacer o aquella persona que no paraba de mirarles hasta el punto de sentirse violados con la mirada; tiran los billetes al suelo, a la basura, los rompen, les da igual, y me da miedo haberme convertido en este tipo de gente que no le da importancia a la memoria de un complejo y simple viaje en tren...
La clave del éxito está en no arrepentirse. O tal vez es solo un simple consuelo.
Llegues a donde llegues, habrás disfrutado de unas vistas, habrás conocido caras extrañas que seguramente no vuelvas a ver jamás, incluso lo más seguro es que no vuelvas a ver el mismo vagón en el que viajas en un determinado momento.

Quizás lo llamamos tren porque es la escapada que queremos hacer de nosotros mismos, un consuelo que usar para darle importancia a ti o a tu vida, una manera de alejarte de un punto de tu existencia del que no estás a gusto.
Se dice que es un tren porque no tienes dos opciones de coger el mismo, "ahora o nunca" gritan desesperados, pero me parece una definición muy estúpida.

Todos llegamos demasiado tarde para el tren con el viaje perfecto, seáis conscientes o no.

Me duele el pecho, a la altura del corazón, y no sé si lo siento si quiera.
Creo que no es el sentimiento de echar de menos, me refiero, no echo de menos el tren, ni si quiera viajar en él, o las vistas que puedes observar desde la ventana. Estoy algo perdido, y no me gustaría recurrir al primer tren que viese para encontrarme, ni siquiera sé si me gustaría moverme.
Sólo sé que a veces sonrío, y es lo que importa.
Tengo mis billetes, no los tiro.

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