lunes, 18 de mayo de 2015

Brillando algo perdido.

La ventana es pequeña y no puedo saciar mis ganas de contemplar el cielo con vista panorámica, quiero ver las constelaciones, no las estrellas, putas limitaciones que construimos el ser humano.
Quiero respirar, pero me ahogo pese a la leve brisa fresca que suavemente entra por la ventana, queriendo irrumpir en mi piel a gritos pero entrando de puntillas.
Asomo la cabeza, miro al cielo, pero los ojos me duelen, hay algo que me molesta, y no se trata del sol cegador, es de noche, las 00:36 para ser más exactos. Bajo la mirada y descubro lo útil para los transeúntes pero lo dañino para mí, como un problema sin resolver, ahí están las farolas ayudando a los viandantes pero impidiendo que pueda observar las pocas estrellas que la contaminación deja al descubierto, como esas imperfecciones imposibles de tapar con maquillaje, solo que esta vez no hay de qué avergonzarse, es natural, no hay necesidad de taparlo, pero aún así lo hacemos inconscientemente, putas barreras que nos ponemos nosotros mismos que nos impiden ver lo natural sin lo material.
Escucho mi canción favorita, bueno, nuestra canción, e intento sonreír, pero la inseguridad me ataca y me pongo a mí mismo mi límite que no debería existir. ¿Y si no le hago feliz? ¿Y si deja de quererme? ¿Me quiere?
Huele a rosas. Abajo en el parque hay un rosal enorme que deja a su descubierto su mayor tesoro en la oscuridad, su olor, que tranquiliza cada parte de mí anestesiando mis sentidos y haciéndome mirar a la nada hasta quedarme centrado en una sola estrella difusa en el espacio, perdida, brillando, porque es lo único que sabe hacer, se limita a brillar y existir, y me pregunto si yo hago lo mismo, si brillo porque es lo único que he aprendido a hacer aunque pueda esconder en mi interior una roca sin luz, limitándome a engañarme a mí y a los demás, o si es lo que de verdad quiero.

Soy feliz, me gusta brillar, pero también me gusta ver a los demás brillar, después de todo lo bonito es ver un gran número de estrellas en el cielo, no unas cuantas debilitadas por la contaminación y la luz artificial que el mundo intenta inculcarnos con valores y estéticas imposibles de asimilar e imitar. Las estrellas no brillamos a primera vista más que una farola visto desde la Tierra, pero juntas creamos un mar extenso lleno de incógnitos y suspiros de belleza, derribamos los cánones artificiales de la belleza y demostramos una vez más que lo natural supera lo industrial.
Algunas se apagan con el tiempo, pero intentamos que sea solo por causas de la edad y no de la integridad.

Vuelvo a mi mundo, recupero el oxígeno y miro al edificio de enfrente. Quedan cinco luces por ser apagadas. Solo cuando apagamos lo artificial podemos descansar y admirar lo natural, así que sigo a oscuras mirando por la ventana, hoy mis esperanzas me han robado el sueño, y se lo han llevado para usarlo como manta para arroparle a él esperando así que no coja frío ni sea atacado por cualquier vulgar pesadilla. Es lo que quiero, que sueñe y brille, que le guste brillar y no se apague jamás.
No cualquier luz artificial está preparada para ver una estrella tan brillante y espectacular como él.
-Buenas noches cielo, y que las estrellas sueñen contigo-

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