viernes, 29 de mayo de 2015

De naranja a azul.

El cielo está espectacular, parece bordado con cada ilusión despegada de las mentes de miles de personas, perfectamente colocadas creando miles de colores, pasando desde un azul anaranjado a un color salmón que hasta parece moverse por estar fuera del agua. Más arriba asoma el rosa intenso creado en una franja enorme de nubes, dando paso a un azul grisáceo que se entorna cada vez más negro hasta llegar a donde mis ojos no alcanzan.
Me apoyo en el alféizar de mi ventana, quiero alcanzar las nubes, quiero gritar para que bajen y me dejen sumergirme en sus colores, pero es tarde, va anocheciendo y el color se pierde en el monótono azul que avisa la proximidad de la noche.
Todos a cubierto, esta noche será como todas, alguien se enamorará de otra persona, alguien perderá la virginidad, alguien tendrá el corazón partido a media noche y llorará mirando las estrellas, mientras que estas mismas son vistas por alguien que echa de menos a su otra mitad, esperando mirar por casualidad al mismo punto que su amado, para así sentirse completo.
¿Cómo puede esperar que no me preocupe si todas las noches muere algún romance, la propiedad de alguien es violada, y alguien va armado de malas ideas destinadas al primero que se le cruce por la calle?
Las nubes cambian de color, se mueven, crean tormentas eléctricas y lloran.
Si te preocupas significa que te importa, y si te importa es que aun teniendo miles de razones para no importante siempre buscarás la razón para que te preocupe.
Nos ponemos siempre en lo peor, pensamos en lo que puede salir mal, que alguien intente robarle su corazón aún siendo solo tuyo, que pueda estar perdido y desorientado en cualquier lugar inhóspito o que su corazón ya no es atraído nunca más hacia tu ser.
¿Por qué?
Nos gusta ponernos en lo peor, somos nuestros propios agentes de nuestro sistema sentimental que luchamos en contra de cualquier bacteria maligna que intente penetrar en nuestra mente, intentamos entrenarnos para saber reaccionar contra cualquier circunstancia aunque sabemos que nos derrumbaremos si se cumple lo antes pensado.
Nos enfadamos, nos preocupamos... porque nos da miedo perder lo que queremos.
¿Qué cosa hay peor que ver cómo tu territorio se derrumba y deja de ser tuyo para pasar a ser de otro caballero deseoso de tus ya expropiadas tierras?
¿Qué cosa hay peor que ver cómo el rosa y el naranja desaparecen del firmamento para dar paso a la oscuridad?

lunes, 18 de mayo de 2015

Brillando algo perdido.

La ventana es pequeña y no puedo saciar mis ganas de contemplar el cielo con vista panorámica, quiero ver las constelaciones, no las estrellas, putas limitaciones que construimos el ser humano.
Quiero respirar, pero me ahogo pese a la leve brisa fresca que suavemente entra por la ventana, queriendo irrumpir en mi piel a gritos pero entrando de puntillas.
Asomo la cabeza, miro al cielo, pero los ojos me duelen, hay algo que me molesta, y no se trata del sol cegador, es de noche, las 00:36 para ser más exactos. Bajo la mirada y descubro lo útil para los transeúntes pero lo dañino para mí, como un problema sin resolver, ahí están las farolas ayudando a los viandantes pero impidiendo que pueda observar las pocas estrellas que la contaminación deja al descubierto, como esas imperfecciones imposibles de tapar con maquillaje, solo que esta vez no hay de qué avergonzarse, es natural, no hay necesidad de taparlo, pero aún así lo hacemos inconscientemente, putas barreras que nos ponemos nosotros mismos que nos impiden ver lo natural sin lo material.
Escucho mi canción favorita, bueno, nuestra canción, e intento sonreír, pero la inseguridad me ataca y me pongo a mí mismo mi límite que no debería existir. ¿Y si no le hago feliz? ¿Y si deja de quererme? ¿Me quiere?
Huele a rosas. Abajo en el parque hay un rosal enorme que deja a su descubierto su mayor tesoro en la oscuridad, su olor, que tranquiliza cada parte de mí anestesiando mis sentidos y haciéndome mirar a la nada hasta quedarme centrado en una sola estrella difusa en el espacio, perdida, brillando, porque es lo único que sabe hacer, se limita a brillar y existir, y me pregunto si yo hago lo mismo, si brillo porque es lo único que he aprendido a hacer aunque pueda esconder en mi interior una roca sin luz, limitándome a engañarme a mí y a los demás, o si es lo que de verdad quiero.

Soy feliz, me gusta brillar, pero también me gusta ver a los demás brillar, después de todo lo bonito es ver un gran número de estrellas en el cielo, no unas cuantas debilitadas por la contaminación y la luz artificial que el mundo intenta inculcarnos con valores y estéticas imposibles de asimilar e imitar. Las estrellas no brillamos a primera vista más que una farola visto desde la Tierra, pero juntas creamos un mar extenso lleno de incógnitos y suspiros de belleza, derribamos los cánones artificiales de la belleza y demostramos una vez más que lo natural supera lo industrial.
Algunas se apagan con el tiempo, pero intentamos que sea solo por causas de la edad y no de la integridad.

Vuelvo a mi mundo, recupero el oxígeno y miro al edificio de enfrente. Quedan cinco luces por ser apagadas. Solo cuando apagamos lo artificial podemos descansar y admirar lo natural, así que sigo a oscuras mirando por la ventana, hoy mis esperanzas me han robado el sueño, y se lo han llevado para usarlo como manta para arroparle a él esperando así que no coja frío ni sea atacado por cualquier vulgar pesadilla. Es lo que quiero, que sueñe y brille, que le guste brillar y no se apague jamás.
No cualquier luz artificial está preparada para ver una estrella tan brillante y espectacular como él.
-Buenas noches cielo, y que las estrellas sueñen contigo-