domingo, 16 de marzo de 2014

Ahogado.

¿Alguna vez habéis odiado y amado a la vez a una persona? Bien, para quien no sepa a qué me refiero es como si te ahogasen mientras suena tu canción favorita de fondo; quieres gritar, deshacerte de la persona que te está ahogando para salvarte y salir con vida de esa situación, pero a la vez no puedes evitar fijarte en aquella canción que cada vez que la escuchas hace que tus fosas nasales se ensanchen esperando que la melodía circule por cada vena que recorre tu cuerpo, lo que hace que de una manera macabra disfrutes del momento por así decirlo. Si esto os suena estúpido más lo es amar y odiar a alguien a la vez, pero es algo inevitable cuando terminas algo que no querías, como si aún no asumieses que no debería quedar nada dentro de ti, ni amor ni odio, pero eso sería como estar muerto, sin sentimientos, y hay veces que me gustaría sentir lo que sienten los muertos, nada, para así poder deshacerme de los recuerdos, de las miradas, de los comentarios, fotos, circunstancias o incluso lugares que me recuerdan a esa persona, reuniendo odio y amor dentro de mí, ahogándome sin dejar que respire, dejando mis pulmones vacíos, mientras disfruto musicalmente de la escena, sintiendo como se agranda en mi cuerpo capilar a capilar dejando pasar la sangre y las emociones que la melodía ejerce sobre mí.
Tal vez todo esto os suene raro, y sin duda lo es, no es normal amar y odiar a la vez, pero así es nuestra mente, capaz de hacerte llorar, gritar cada vez que abres los ojos, o incluso hacer que tengas ganas de pegar a cualquier cosa, o simplemente es capaz de hacerte sonreír, soñar, disfrutar... cada cosa por su lado es más fácil de sentir, pero todo junto crea un jaleo interior confundiendo sentimientos, como añorar y sentir rencor, como querer abrazar o querer salir corriendo después de contar en tu mente hasta tres...
Uno... dos... ¡tres! Y "puf", desparecer de escena evitando cualquier contacto con el amor-odio en persona.
Tal vez no esté tan mal ahogarse con una buena música de fondo, o a lo mejor no está de más salir corriendo, pero amigo, dicen que todos los caminos llevan a Roma, aunque discrepo, en mi opinión todos los caminos llevan al principio, así que por tu bien deseo que tu mezcla indeseable de sentimientos no esté al principio de tu camino sin fin, quién sabe si tu principio haya empezado con el final de esa persona que desordenó y aún desordena tu interior.

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