domingo, 16 de marzo de 2014

15 Segundos de la vida de un cohete.

Los fuegos artificiales son preciosos, ¿no creéis? Empiezan con un ligero silbido que indica y previene que en unos cuantos segundos este va a detonar dejando en el momento de su final una increíble y colorida explosión de colores, destellos y un gran ruido que se apaga en el momento, y al final, antes de que otros artefactos de las mismas características revelen su acción, deja una leve manta de humo que se desvanecerá en el cielo.
Suena como una acción más en cualquier celebración importante hoy día, ¿no?
Bien, tras poco pensar me he dado cuenta de que no es una simple acción que realiza un objeto sin vida cuyo destino está escrito, si no que un cohete es la forma más acertada de describir el amor.
De una manera u otra tú eres una pequeña cantidad de pólvora que pronto se junta con otra cantidad para rellenar un cohete, y después del momento importante en el que os fusionáis como una sola persona, se enciende la chispa y emprendéis un viaje ascendente y alucinante hacia el inmenso cielo desde donde ver cada una de las estrellas que dibujan el horizonte bajo el infinito que tus ojos no logran captar. Durante este largo camino piensas que todo va bien, que seguirás subiendo junto a aquella persona sin parar y llegaréis a la luna, o incluso más allá, pero pobres ilusos... en un momento cualquiera, así, sin avisar, notas como el casquete del cohete eclosiona poco a poco, y cuando quieres arreglar lo que os mantiene juntos ocurre lo inevitable, explota, eclosiona por completo esparciendo vuestras cenizas por el cielo que creíais cercano y poco a poco os separáis y dejáis una estela luminosa que según el tipo de cohete que seáis dura más, menos, es más colorido, o con colores más apagados... pero eso da igual, siempre acaban extinguiéndose dejando los recuerdos en forma de nube retenidos anteriormente entre las paredes del artefacto pirotécnico que impide ver de nuevo tu querido y deseado infinito, aquellas estrellas que querías tocar con la yema de los dedos junto a esa pequeña porción de pólvora que hacía sentirte completo, ya que después de todo si no te unes a más pólvora no eres más que un inútil petardo.
Solo queda esperar para que aquella nube retenida en el cielo se esparza viajando a tiempos remotos dejándote olvidar cómo es estar atrapado y ver cómo es sentir de nuevo aquella ilusión de querer sentir el tacto de los astros sobre tu piel, completada por tu pequeña y correspondiente cantidad de pólvora.

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