sábado, 22 de noviembre de 2014

Conversando por el arcén.

"El amor no existe, me refiero, a lo largo de tu vida te gustan diferentes personas, pero, ¿el amor acaso no es querer a alguien toda tu vida? No sé, creo que confundimos la palabra amar con querer."
"No, no es así, bueno, no sé, las personas nos enamoramos de una persona, si es que algún día le conocemos, y pasamos toda nuestra vida con esa persona estancada en el cerebro, recordamos todo lo que hicimos con esa persona, pero por unas causas o por otras todo acaba, y aún crees que puedes olvidarle y encontrar otro amor, pero en realidad, lo que haces al estar con otras personas es aprender a acostumbrarte a vivir sin lo que sabes que es el amor de tu vida.
Mucha gente no llega a conocer a esa persona y viven felices porque pueden deshacerse de las personas a las que han querido con facilidad, y así llegan a alguien concreto, pasan su vida juntos y aún cree que está con el amor de su vida, cuando en realidad su verdadera media naranja y esa persona no se conocieron porque la otra persona perdió el tren hace unos años en el que iba y en el que casualmente iban a cruzar miradas, palabras, y al final besos, pero el despertador de aquél chico les jugó una mala pasada. Si no tienes esa suerte, conocerás a la persona de la que te enamores, casualmente te conocerá a ti en vez de a otra persona, te robará el corazón y seguramente esa persona no te amará, solo te querrá, con lo cuál se marchará, y se irá con otra persona de la que a lo mejor se enamora o no, y te dejará a ti con el corazón hecho polvo, con su aliento, su sonrisa, su tacto; todo grabado a fuego en tu mente.
El amor existe, solo hace falta descubrirlo y tener esperanzas de que esa persona sea capaz de descubrirte a ti.
Me da pena la gente que nunca encuentra el amor porque nunca sabrán lo que se siente cuando te enamoras de una mente, son como máquinas capaces de sentir, son de hielo, me dan lástima, pero a la vez lo envidio porque esas personas pueden ser felices independientemente de las personas con las que hayan estado, no se estancan en nadie, solo continúan, quiero ser así de vez en cuando, pero en mi alma llevo un ancla suelta que no para de retenerme en el mismo sitio de siempre..."
"Ah... ¿y si luego te enamoras de otra persona?"
"Entonces la persona de la que creías estar enamorado resulta que no supo enamorarte como tú creías."
"Me lías la cabeza, recuérdame que nunca más salga por ahí contigo."
"¿Pizza o hamburguesa?"
"¿Invitas tú?"
"No."
"Pues hamburguesa."

domingo, 12 de octubre de 2014

Todo visto desde la nada.

Su cuerpo saciado a medias buscaba algo más que un simple abrazo de vez en cuando, algo más que un beso en la mejilla o incluso en los labios si aquél día era afortunado. Necesitaba que alguien suspirase por él, no tener que poner siempre de su parte.
Unas veces se sentía muy afortunado, otras no tanto, notaba cómo los cristales empañados le recordaban cómo su entumecida mente se coagulaba cada vez que pensaba en una muestra de cariño, quería ser fiel, no ir a otra persona, sólo él, ellos.
Tiene miedo, no se atreve a caminar siendo lo que es, se encuentra cohibido entre la muchedumbre, la gente le mira mal, se giran cuando recibe amor, nada del otro mundo observado como una cosa de otra galaxia, no entiende lo que pasa, el mundo está hecho una puta mierda.
Se pone su capucha en casa, no quiere que sus ideas se escapen, no quiere pasar frío, quiere un abrazo fortuito, ahora sí.
Suspira empañando el cristal, se queda contemplando las gotas bajar deseando formar una carrera acuática que le distraiga del imperfecto mundo en el que vive, pero se estancan, no avanzan, las gotas de lluvia han jodido su plan. Están estancadas, como él, como sus sentimientos.
Se da la vuelta, va a la cama, llega a la conclusión de que le da igual lo que la gente piense, hable o diga que le incumba, es su vida, no la de los demás, si no les gusta que no miren, nadie les obliga, si no te gusta una cosa, pues no lo seas, pero no obligues a los demás que no sean como son, pero, ¿él entiende todo esto?
Mientras intenta relajar su desastrosa mente se imagina aquellos días escondidos a principios de mes en el que todo era más bonito, cualquier sentimiento tapaba el otro, era una promesa de clarividencia de que todo iba a salir bien, no lo fue. Lo iba a ser. Tarde.
Después todo llegó, malas borrascas y buenas, montes pequeños y gigantescos, no se rindió, siguió por su camino de persistencia, le daba igual ser pesado, le daba igual caerse y morir, le daba igual acabar llorando, nunca había sentido aquella sensación, la misma que sentía antes de recibir la nota de un examen difícil que no sabía si iba a aprobar o suspender, aunque tenía una ligera idea de lo que iba a ser. Era su examen, su posible aprobado, su casi suspenso a media jornada.
-¿Qué? ¿Qué miras? Es lo que realmente siente.-
Abraza su almohada, aún siente sus venas sobre su tacto, aquella piel dura como un diamante y reluciente como una piedra. Creía ser minero, emperador de todas las reliquias habidas en el mundo, no, no era así, o sí, no sabía nada de lo que creía saber.
Agarra su propio pecho en señal divina de lo más basto que podía haber sobre el reino de los pobres, creía tener un corazón inmerso en el cariño que en realidad recibía en pequeñas dosis alteradas por otra persona bajada del mismísimo infierno, más aún. Era droga prohibida moralmente y dulce manjar traído del paraíso llamado universo, en realidad es devastador, bonito, a veces cruel.
Apaga la luz y se queda mirando al techo, cree ver las estrellas, pero son luciérnagas prometiendo algo que no iban a cumplir, sueños vividos en las pesadillas reales de su inversa verdad convertida en mentira.
Cierra los ojos y suspira, suspira dejando su pecho vacío, vacío de aire para tener más hueco donde meter el amor que ansiaba recoger al respirar después.
Ahí se encontraba él, suspirando por los suspiros de otra persona que iban dirigidos hacia otra persona distinta. ¿Qué otra cosa esperaba pidiendo deseos a la luz que ni si quiera cegaba la verdad?
Iluso, una pizca de soñador y mentalidad de guerrero, sólo eso, con extraños extras extraviados.

jueves, 28 de agosto de 2014

El Valle de los Extinguidos. - Capítulo 1. Lo que el viento arrasó.






El Valle de los Extinguidos.










Alberto Muñoz Belmonte.


Capítulo 1. Lo que el viento arrasó.

La brisa corría entre los árboles haciendo volar el aroma de las flores que suavizaba el calor que desprendía el sol situado en lo alto del cielo, iluminando cada rama con sus hojas llenas de vida y que atribuía al césped un color verde potente gracias a la luz que en varios puntos de entre las copas de los robustos y elegantes árboles dejaban pasar.
Entre la espesura del bosque se encontraba Josh en medio de un claro donde gracias a la existencia permanente de la luz el césped crecía con más intensidad, y apoyada en su hombro estaba una chica con el pelo alborotado color pelirrojo cobrizo que no dejaba a la vista su cara.
-Perdona... ¿quién eres? -Preguntó Josh mientras intentaba inclinar la cabeza para ver su rostro.
-Eso ahora mismo no importa. -Respondió la chica hundiendo su mejilla más en el hombro.
Aquella era una voz dulce, tan tranquilizante capaz de calmar hasta la peor tempestad habida y por haber.
-¿Y qué es lo que importa entonces?
Silencio, el cuál dio paso a una ligera brisa en el entorno que mecía hoja por hoja de las ramas de cada árbol que admiraban el momento.
-¿Me respondes o vas a seguir ignorándome?
Silencio.
Los soplidos de viento se convirtieron ascendentemente en grandes ráfagas de aire que agitaban los árboles más finos y les arrancaban sus hojas convirtiéndolos en esqueletos desnudos de madera.
La chica se levantó despacio y retrocedió unos pasos con inseguridad hacia atrás, lo que hizo que Josh se levantara casi perdiendo el equilibrio por culpa del viento. Se acercó a la desconocida y esta, aún con el rostro sin descubrir, empezó a correr hacia la otra parte del claro donde estaban.
-¡Eh! ¡Puede ser peligroso! -Gritó por encima del ruido que hacía el aire, pero al ver que la extraña no reaccionaba decidió ir a por ella para buscar un lugar más seguro.
Mientras corría, las corrientes de aire crecían hasta convertirse en grandes presiones que le evitaban seguir hacia el comienzo de la espesura del bosque, y cuando Josh dio un paso en falso fue arrastrado brutalmente contra un árbol situado en la otra parte del claro, hacia donde el viento se dirigía.
Mientras Josh intentaba despegarse de aquél fornido árbol sentía que no podía respirar debido al golpe asestado y a la gran presión de las corrientes. Las ramas se agitaban feroces como si fuesen serpientes enfurecidas con ganas de pegarle un mordisco en cualquier momento y el viento impedía que pudiese abrir los ojos del todo. Cuando por fin había conseguido poner una de las manos sobre la superficie de la rugosa madera vio cómo un árbol de tamaño colosal se arrancaba del suelo raíz a raíz y se precipitaba a gran velocidad sobre él. Si no salía de ahí en unos segundos iba a ser embestido mortalmente y tendría su ataúd de dos paredes en vez del típico ataúd de seis tablas de madera en el que él creía que algún día iba a acabar, y no precisamente en ese momento.
Josh puso la otra mano sobre el tronco y con la ayuda de sus brazos intentó deslizarse hacia un lado. El árbol estaba a diez metros.
No pudo moverse apenas unos milímetros. Quedaban ocho metros.
Cerró los ojos para no ver el golpe de gracia mientras de sus ojos salían unas lágrimas y de su boca se escapó un grito ahogado. Solo cinco metros le separaban de su muerte.
Recordó el tono de voz de aquella chica... “eso ahora mismo no importa.” Cuatro metros solo para el fin.
Pensó en aquella chica y en si su destino estaba siendo el mismo que el suyo. Sólo faltaba poco más de un metro para su final.
Abrió los ojos cuando quedaban unos centímetros y justo en el momento del impacto todo se desvaneció.

domingo, 24 de agosto de 2014

Solo luchar, nada más, nada menos.

¿Quién cree en el amor sin sufrir daños colaterales?
Me refiero, ¿quién es verdaderamente estúpido como para creer que puedes amar sin sufrir?
Si amas te preocupas, quieres que todo salga bien, incluso es justificable que duela el simple hecho de querer a alguien entre tus brazos día y noche.
Hay muchos tipos de dolor dentro de este tema, ya sean celos, incorrespondencia o incluso el sentimiento de echar de menos... ¿pero qué? ¿Echar de menos a esa persona o al tiempo que eras tan feliz al lado de él o ella?
Si duele es porque importa. ¿Por qué llorar si de verdad el tema da igual o simplemente vas a dejarlo estar después de un tiempo?
Recuerdos, siempre están los recuerdos, pero ya nadie los quiere, siempre se quedan solitarios en el desván queriendo ser reemplazados por hechos fortuitos que nunca se queden en la memoria y sí constantemente en la retina de nuestros ojos.
Os parecerá complejo, pero si explico esto como que a nadie nos gusta que se acaben los momentos felices seguro que ya os sentiréis más identificados.
"Quiero que sea así siempre, no quiero que te vayas nunca, y mucho menos que desaparezcas de mi vida para hacer acto de presencia en otra ajena, no me dejes"
... y al final es solo eso, un final.
Las personas no son como queremos, no siempre van a hacer lo que deseamos y mucho menos lo que soñamos, y aún menos si aquellas personas están junto a ti por pasar el rato, porque les da igual tus sentimientos y muchísimo más tus sueños, porque un día están contigo y al siguiente "luchan" por otra persona.

¿Sabéis ese sentimiento de desilusión cuando crees que una persona va a luchar por ti pero en realidad él o ella está en cualquier lugar flirteando con otra persona?

Odio y perdono tantas cosas que a veces pienso que me paso de bueno.
No soporto cuando alguien no lucha por lo que quiere por el qué dirán, por pereza, o incluso por miedo a fracasar. Esa gente es una cobarde, y me podréis decir que los demás también podríamos luchar por los cobardes, sí, lo admito, pero una batalla no solo la puede librar un guerrero, y menos cuando la otra persona ni hace el esfuerzo para aparecer en el frente de guerra. Seamos sinceros, ni si quiera los luchadores más dispuestos somos valientes.

Una guerra no puede librarla solo una persona, necesita un apoyo, de lo contrario fallecerá antes de llegar a su querido destino.

Puedes querer sin ser correspondido, ser correspondido sin querer, o lo más bonito, querer y ser correspondido, pero seamos honestos, ya nadie quiere amando, solo se quiere con la boca y no con la mente, con el pene y no con el corazón, con las tetas y no con sentimientos, ¿qué mundo es este que quiere sin querer? La vida se va a la mierda, y la mierda sumerge ahora a cada vida desperdiciada en alguien que quiere amar sin querer. Ya nadie quiere ser amado.
Cada persona recién descrita es tan cobarde que el único amor que son capaces de sentir es el amor fraternal o paternal, pero ya ni eso se demuestra en esta escoria de mundo. Son personas cero, no aportan nada ni obtienen nada, no luchan por las personas que de verdad importan.

Tal vez esté ahora divagando entre lo que quiero que ocurra pero que sé que no va a ocurrir (ojalá me equivoque y escrito queda) y esté entre mis paranoias normales que escribo en vez de ahogarlas en alcohol o cualquier tipo de vicio, pero yo solo quiero eso, alguien que pueda luchar sin miedo, que pueda ser como es sin temor y que esté orgulloso de decir lo cursi que soy con esa persona, porque a nadie le gusta sufrir, pero, ¿quién cree en el amor sin sufrir daños colaterales?
Yo no, desde luego, y esperaré si hace falta, cautivaré mis ganas de luchar hasta que parezca que vea que una chispa en la otra parte del frente de batalla haya hecho comenzar la gran conquista para la que he estado preparándome cada minuto de las horas incontables que paseaban por mis días, saciando las semanas que junto a los meses se camuflaban en años.
Si veo que el otro lado lucha por otra causa que no sea mi guerra, entonces, tiraré el guante y me tenderé a mí mismo una bandera blanca en señal de rendición.

"Lo más grande que te puede ocurrir es que ames, y seas correspondido." - Moulin Rouge.

viernes, 8 de agosto de 2014

Las peores guerras las libran los mejores guerreros.

James se sentía miserable, como si nada de lo que quería fuese a hacerse realidad, como si todo lo que estaba a su alrededor jugaba en su contra, en cambio no tenía nada que temer, era un guerrero, un temible aspirante a sanguinario, mataba por sobrevivir, pero sobrevivía para matar, y aún así él también sufría de amor.
Su corazón se encogía por momentos, parecía que se volvía de cristal y era lanzado contra un bateador profesional que siempre daba donde más dolía.
Sentía cómo su sangre corría como ríos en su interior inundando cada sentimiento aterrador convirtiéndolos en sentimientos desgarradores para él.
Cada lágrima que derramaba significaba un pensamiento pesimista, cada sollozo un sentimiento de derrota, y cada vez que pensaba en aquél rostro aumentaban sus ganas de querer acabar con todo en cualquier momento.
No quería vivir más si no era para ser sanguinario de aquél corazón que tanto añoraba cada segundo, que echaba de menos cada vez que respiraba, pero... ¿cómo iba a echar de menos algo que jamás tuvo?
Tenía claro que su órgano vital no latía únicamente para él, que la otra persona tenía otro mundo por descubrir aún siendo el único mundo que James necesitaba en su vida, una única razón para sobrevivir, para seguir siendo lo que era, un  guerrero que luchaba por su amor, pero nuestro temible caballero admitía que jamás había participado en una guerra como la que presenció esa vez. Tanta gente muriendo cada segundo por una persona, y él no iba a ser menos, iba a morir en sus recuerdos, en su memoria, era lo que más temía, no ser correspondido, ser olvidado, y sentía que a cada segundo que pasaba eso se iba haciendo realidad, por lo cual tenía miedo, lo temido era real, y lo real era lo que temía.
No tenía escapatoria, ¿cómo iba a escapar de aquella guerra que ya había empezado? No podía, era incapaz de deshonrar su orgullo y de darle la espalda a todo lo que aspiraba, aunque solo era aquél triste y solitario corazón que ni quería ni se dejaba querer.
Si se vencía traicionaba a toda promesa que hizo, se traicionaría a si mismo y a su juramento de perseguir todo lo que quería.
Se armó con su mejor espada, se vistió con la armadura más fuerte del reino y se montó en el mejor caballo que había entonces, y sin pensárselo fue al lugar de batalla.

Sin a penas darse cuenta, ya estaba dentro de la lucha.
Estaba lleno de contrincantes y estaba seguro de cada persona representaba cada lágrima que estaba dejando escapar de su interior.
Para poder avanzar intentaba matar a todo aquél que se le ponía delante, pero no lograba alcanzarles con su arma, solo conseguía retrasarse más, era una pérdida de tiempo, pero se convenció de que aquello era lo que quería, hasta que le alcanzó una flecha el hombro izquierdo.
"Aún puedo seguir luchando con la derecha" pensó...
Dos flechas se clavaron en ese mismo instante es su brazo derecho.
Cada chorro de sangre empapaban sus ganas de querer llegar al final del valle donde terminaba la épica batalla, pero aún así lo intentó, no se rindió.
Alcanzó a un enemigo con su espada y le rebanó el cuello, eso hizo que se sintiera mejor, pero duró poco hasta que notó cómo una afilada espada de nombre "ilusiones" se clavaba en su costado.
En ese instante lo comprendió, tenía que arriesgarlo todo o estaba perdido.
Soltó la espada, se quitó la pesada armadura para ir más rápido y al galope de su veloz caballo se animó a sí mismo para llegar al final, al final de aquél corazón rebelde.
Ahora estaba indefenso, pero tenía más oportunidades de lograr aquello que más ansiaba.
Minutos después estaba a metros de conseguirlo. Bajó del caballo, anduvo hasta su destino, y cuando le quedaban dos palmos para llegar, recibió un hachazo en el pecho, justo en el corazón, dejando su interior hecho trizas que se mezclaban con su pesimismo y la realidad.
Tanto esfuerzo le resultó en vano, o eso pensó en su último aliento, pero no sabía que toda su sangre se esparció dejando huella, por supuesto, encima de otras manchas de sangre de otros que también intentaron librar esta dura batalla.
Todos dejando una huella que tarde o temprano se desvanecerá.

domingo, 4 de mayo de 2014

Llamada a todos los románticos.

Tal vez si escribo la palabra amor lo primero que se te viene a la cabeza es la imagen de un corazón, unas rosas, una escena de sexo, o un simple beso.

Desde siempre la mayor expresión humana y animal de afecto ha sido y será siempre el beso, y está comprobado científicamente que besuquearse con otra persona es positivo para nuestro cuerpo y nuestra mente, aunque tienen mayor efecto si se realiza con la persona adecuada.
Sinceramente me da pena que en el tiempo en el que nos ha tocado vivir el romanticismo haya decaído tanto.
Las personas que vagan en nuestra época de existencia se dedican a dar besos a diestro y siniestro como si fueran cosas insignificantes, algo que no transmite nada, cuando debería de ser y de hecho es el arma más letal del amor, del cariño y el afecto, algo que hoy día se va regalando por las calles como la virginidad, o incluso peor, tu corazón.

Antes la gente se dejaba la piel día y noche para conquistar a una persona, ahora el corazón de alguien se 'conquista' (o eso dicen) con tan solo tres segundos, lo que se tarda en decir "Joder qué buena estás."

Tiempo atrás se elegía quién iba a recibir tus besos y si de verdad merecería la pena, haciendo que todo fuese más romántico y mágico, y tal vez la única persona que besabas y te hacía sentir cosquillas era aquella persona ideal que sabía hacerte feliz, pero ahora el objetivo de todo el mundo es 'liarse' con el mayor número de personas en una noche, sin importar a quién entregas tus besos, aunque ello conlleve a tener babas de decenas de personas que ni conoces en tu boca para solo conseguir un objetivo, no un fin.

Hace no mucho tiempo la gente se enamoraba y hacía lo imposible por conseguir el corazón de su amado o amada, hoy día la gente no sabe ni lo que se siente al enamorarse. Antes eran pacientes y esperaban cartas de aquella persona que a lo mejor nunca llegaban, y ahora muchísimas relaciones se fracturan por un 'doble check'.

Me da muchísima pena esta generación y las que quedan por venir, no saben qué es esperar meses enteros o años por alguien, ignoran la existencia de enamorar a alguien por lo que eres, no por lo corta que llevas la falda, el escote que enseñas, o lo bien que disimulas tu fealdad.
Me da asco tener que ir con miedo por la vida por si no encuentro nunca un romántico de los de antes como yo, alguien que espere día sí y noche también con tal de recibir un simple beso, capaz de decir "te quiero" sin que yo sienta miedo a que esa persona me esté mintiendo en mi cara, ya que como los besos, los "te quiero" también se regalan como insignificantes papeles vacíos.

Me frustra muchísimo todo este asunto. Me fastidia tener que oír todos los días a alguien decir "te quiero", o peor, "te amo", a alguien que se lo dice a cada persona con la que se achucha cada noche en cada antro en los que su grado de cariño se mide en cubatas o chupitos.

Me jode demasiado que cosas como los besos, la virginidad, los "te quiero" y otros estereotipos del amor se entreguen a gente que no harían absolutamente nada por ti.

Conclusión: A la gente cada vez le da más miedo enamorarse y prefieren saciar su falta de cariño enrollándose cada noche con una persona distinta.

¿Dónde ha quedado esa gente que sabe querer? ¿Dónde está la gente que aún vive con romanticismo? ¿Dónde existe aún gente que sabe que un beso es más efectivo que cualquier regalo?
Es una raza en peligro de extinción.

viernes, 21 de marzo de 2014

Llámalo miedo a la derrota.

Me giro una, y otra, y otra, y otra vez esperando verte corriendo hacia mí mientras gritas mi nombre para que me detenga, pero por más que miro solo encuentro la soledad que acompaña a la triste brisa que deja el invierno sobre la primavera entre las calles oscuras de la noche.
 -Siento que me toca ahora a mí correr mi camino para alcanzar lo que realmente quiero, que ha llegado mi momento de demostrar que yo también puedo sacar fuerzas de donde no las hay y seguirte para que cuando gires la cabeza me veas cansado de tanto correr siguiendo tus pasos a ciegas.
Algunas veces necesitamos vestirnos con nuestra mejor armadura, coger nuestra arma más letal y luchar por lo que queremos, pero ahora siento que la batalla ya está perdida antes de empezar y que no merece la pena luchar. Sí, llamadme cobarde, miedoso, medroso, tímido, temeroso, pusilánime, atemorizado, apocado, achantado, encogido, irresoluto, gallina, cagón, cagueta, etc, y tal vez lo sea, pero tengo miedo de volver a meterme en la cueva del dragón y salir peor que la primera vez que me adentré en este nueva experiencia.-

Me giro otra vez, y nada, árboles, coches, personas aleatorias que hacen su propia vida, algún que otro perro, pero ni rastro de ti.
 -Tal vez no sea miedo, si no orgullo, ese orgullo que junto a la vergüenza y desconfianza en mí mismo me llevó a esta situación, ese orgullo que me obliga a seguir adelante e impide voltearme y correr hacia ti mientras grito tu nombre a los cuatro vientos sin dar importancia lo que la gente opine o piense, ¿quién dijo que luchar por algo o alguien era fácil? ¿Quién dijo que nunca tienes que dejar tu orgullo de lado para conseguir algo? Y aunque tengo esto muy presente la práctica se me da mal, y no es de extrañar, aún soy novato en esto del amor.-

Volteo la cabeza y ahí está, la oscuridad que deja el vacío de tu presencia, el inanimado ambiente que se respira sin tu peculiar olor rondando por mis fosas nasales, ahí está, todo lo que es nada.
 -Aún me pregunto si ya debería estar buscándote por las calles gritando tu nombre en vez de estar caminando mi propio camino, un camino que no merece ser caminado si no es con la buena compañía de un caminante, pero hay un problema, yo no quiero a cualquier caminante, yo te quiero a ti.
Se supone que cuando has tomado una decisión marca tu vida, la cuál vivirás junto a personas que te marcarán interiormente hasta clavarse en el corazón, para ello necesitaría buscar a alguien como tú, siempre con un problema en mente...-

Miro atrás, entrecierro los ojos para alcanzar más con la vista, pero por más que miro sigo viendo lo mismo, solo que con perspectiva pesimista.
-El problema no es que quiera a alguien como tú, el verdadero problema es que te quiero a ti.-

domingo, 16 de marzo de 2014

15 Segundos de la vida de un cohete.

Los fuegos artificiales son preciosos, ¿no creéis? Empiezan con un ligero silbido que indica y previene que en unos cuantos segundos este va a detonar dejando en el momento de su final una increíble y colorida explosión de colores, destellos y un gran ruido que se apaga en el momento, y al final, antes de que otros artefactos de las mismas características revelen su acción, deja una leve manta de humo que se desvanecerá en el cielo.
Suena como una acción más en cualquier celebración importante hoy día, ¿no?
Bien, tras poco pensar me he dado cuenta de que no es una simple acción que realiza un objeto sin vida cuyo destino está escrito, si no que un cohete es la forma más acertada de describir el amor.
De una manera u otra tú eres una pequeña cantidad de pólvora que pronto se junta con otra cantidad para rellenar un cohete, y después del momento importante en el que os fusionáis como una sola persona, se enciende la chispa y emprendéis un viaje ascendente y alucinante hacia el inmenso cielo desde donde ver cada una de las estrellas que dibujan el horizonte bajo el infinito que tus ojos no logran captar. Durante este largo camino piensas que todo va bien, que seguirás subiendo junto a aquella persona sin parar y llegaréis a la luna, o incluso más allá, pero pobres ilusos... en un momento cualquiera, así, sin avisar, notas como el casquete del cohete eclosiona poco a poco, y cuando quieres arreglar lo que os mantiene juntos ocurre lo inevitable, explota, eclosiona por completo esparciendo vuestras cenizas por el cielo que creíais cercano y poco a poco os separáis y dejáis una estela luminosa que según el tipo de cohete que seáis dura más, menos, es más colorido, o con colores más apagados... pero eso da igual, siempre acaban extinguiéndose dejando los recuerdos en forma de nube retenidos anteriormente entre las paredes del artefacto pirotécnico que impide ver de nuevo tu querido y deseado infinito, aquellas estrellas que querías tocar con la yema de los dedos junto a esa pequeña porción de pólvora que hacía sentirte completo, ya que después de todo si no te unes a más pólvora no eres más que un inútil petardo.
Solo queda esperar para que aquella nube retenida en el cielo se esparza viajando a tiempos remotos dejándote olvidar cómo es estar atrapado y ver cómo es sentir de nuevo aquella ilusión de querer sentir el tacto de los astros sobre tu piel, completada por tu pequeña y correspondiente cantidad de pólvora.

Ahogado.

¿Alguna vez habéis odiado y amado a la vez a una persona? Bien, para quien no sepa a qué me refiero es como si te ahogasen mientras suena tu canción favorita de fondo; quieres gritar, deshacerte de la persona que te está ahogando para salvarte y salir con vida de esa situación, pero a la vez no puedes evitar fijarte en aquella canción que cada vez que la escuchas hace que tus fosas nasales se ensanchen esperando que la melodía circule por cada vena que recorre tu cuerpo, lo que hace que de una manera macabra disfrutes del momento por así decirlo. Si esto os suena estúpido más lo es amar y odiar a alguien a la vez, pero es algo inevitable cuando terminas algo que no querías, como si aún no asumieses que no debería quedar nada dentro de ti, ni amor ni odio, pero eso sería como estar muerto, sin sentimientos, y hay veces que me gustaría sentir lo que sienten los muertos, nada, para así poder deshacerme de los recuerdos, de las miradas, de los comentarios, fotos, circunstancias o incluso lugares que me recuerdan a esa persona, reuniendo odio y amor dentro de mí, ahogándome sin dejar que respire, dejando mis pulmones vacíos, mientras disfruto musicalmente de la escena, sintiendo como se agranda en mi cuerpo capilar a capilar dejando pasar la sangre y las emociones que la melodía ejerce sobre mí.
Tal vez todo esto os suene raro, y sin duda lo es, no es normal amar y odiar a la vez, pero así es nuestra mente, capaz de hacerte llorar, gritar cada vez que abres los ojos, o incluso hacer que tengas ganas de pegar a cualquier cosa, o simplemente es capaz de hacerte sonreír, soñar, disfrutar... cada cosa por su lado es más fácil de sentir, pero todo junto crea un jaleo interior confundiendo sentimientos, como añorar y sentir rencor, como querer abrazar o querer salir corriendo después de contar en tu mente hasta tres...
Uno... dos... ¡tres! Y "puf", desparecer de escena evitando cualquier contacto con el amor-odio en persona.
Tal vez no esté tan mal ahogarse con una buena música de fondo, o a lo mejor no está de más salir corriendo, pero amigo, dicen que todos los caminos llevan a Roma, aunque discrepo, en mi opinión todos los caminos llevan al principio, así que por tu bien deseo que tu mezcla indeseable de sentimientos no esté al principio de tu camino sin fin, quién sabe si tu principio haya empezado con el final de esa persona que desordenó y aún desordena tu interior.

viernes, 7 de febrero de 2014

El poder de elegir.

Elegir es algo que nunca se me ha dado del todo bien, "elige esto o lo otro", "elige tu futuro", "elige persona"...
Cuando tengo la prioridad de elegir nunca sé lo que irá mejor, no sé qué camino es más largo o cuál es menos prolongado, solo sé lo que me apetece y lo que me conviene, y a veces estos dos términos se depositan en diferentes elecciones; una opción es lo que me apetece y la otra lo que me conviene.
Dos caminos con diferente principio, trayectoria, y desembocadura, pero ambos desconocidos.
¿Tú qué elegirías? ¿Lo que te gusta o lo que mejor conlleva tu futuro?
Bien, yo cometí el error de elegir lo que mejor me convenía, lo que creía que me apetecía cuando sabía que no era así.
Ojalá pudiese volver atrás, recordar todas aquellas listas de "pros" y "contras" que hacía para ver qué elegir, y volver a ver todo como lo veía antes con el pensamiento que tengo ahora, todo sería tan distinto... pero no puedo volver atrás y borrarlo todo como si nada.
Desde mi experiencia (algo que me fastidia decir), elegid lo que os gusta de verdad, porque es aquello que os hará felices aunque el trayecto sea algo desastroso, y apartad de vuestra mente aquello que según los demás "será mejor para ti" cuando en realidad no te apetece del todo, ya que aunque parezca que el camino sea algo más relajado, el final puede ser catastrófico.
Si no hacéis caso a todo esto acabaréis como yo, pensando en cómo hubiesen sido las cosas si hubiese elegido por mí mismo en vez de hacer caso a lo que dirán los demás, a lo que creía conveniente... 
Elegir bien no es elegir lo que te conviene, si no lo que te apetece.

domingo, 2 de febrero de 2014

Moribundos del pasado.

A veces intentamos olvidar, hacer como si algo en nuestro pasado nunca hubiese ocurrido o existido, dejando un vacío temporal y sentimental en nuestra historia si miramos atrás desde donde nos encontramos ahora.
Creemos que borrar todas las fotos referentes a aquello que queremos olvidar es la solución, y que también lo es dejar de seguir el rastro en las redes sociales o en tu día a día, pero si de verdad marcó tu existencia y para ti te marco la suya, de poco va a servir intentar borrar algo que sucedió, algo que recordarás toda tu vida hasta que los gusanos estén comiéndose tu cuerpo en una caja de madera.
Solo necesitamos una razón, un recuerdo vago para creer que ya hemos olvidado, hasta que ves una foto, oyes una canción, o pasas por un lugar que te recuerda a aquél momento, aquella persona, aquellas experiencias que jamás se volverán a repetir, y nosotros, pobres ilusos, intentamos borrar algo que vale más en nuestro interior que en el olvido.
En muchas ocasiones queremos repetir nuestro pasado, queremos rebobinar hasta el momento culminante de la acción y actuar como debimos de actuar para que en el presente no tengamos que estar intentando deshacernos de nuestra memoria, pero lo hecho hecho está, ya no podemos volver atrás y hacer como que nada ha pasado, como que el tiempo, sucesos, y personas no han empeorado las cosas.
Tal vez intentemos olvidar, cuyos esfuerzos son en vano, mientras que los otros factores de la ecuación seguramente ya ni se acuerden de nuestras palabras, nuestras sonrisas, nuestros planes de futuro... futuro, algo que no puedes planificar nunca, en ningún momento sabes cómo van a salir las cosas, y cuando salen mal, solo hay que volver a como estábamos antes de intentar planificar el futuro, como una goma de borrar, pero no olvidemos que nuestra vida está escrita a bolígrafo, y en esta historia ningún tipo de corrector está permitido, ni si quiera si intentas difuminar la tinta con lágrimas.
Os preguntaréis "Bien, ¿y qué puedo hacer para olvidar?"
Ojalá lo supiera, pero hasta donde sé, intuyo que es algo imposible, algo como crear fuego con un solo chasquido de dedos o hacer estallar en mil pedazos un edificio con un solo pensamiento, inalcanzable para nosotros, personas sedientas de olvidos pero empachados de recuerdos tormentosos.
Simplemente nos queda mirar al presente y aceptar los recuerdos con una pequeña sonrisa, mientras que nuestro corazón todavía desea explotar por los aires y tu cerebro aún te ordena intentar arreglar lo que en un pasado no salió bien.
  Personas sedientas de olvidos pero empachados de recuerdos tormentosos, o como yo los llamo: "Moribundos del pasado".

domingo, 26 de enero de 2014

Cambios innecesarios pero necesarios.

Cambios, ¿a quién le gustan los cambios? Todos dirán "depende de si es hacia bien o hacia mal". ¿Y si lo bueno es malo y lo malo es bueno a la larga? ¿Y si no tienes la opción de elegir lo bueno o lo malo?
Una pequeña modificación en nuestras vidas puede ser transcendental en nuestro futuro, todo depende de las personas que te rodean, los lugares que sueles frecuentar, tus gustos, ese grupo de música del que vives enganchado, esos temas de conversación que nunca cambian, esas sonrisas monótonas en las mismas caras de las mismas personas... una pequeña renovación y tus aspiraciones, gustos, forma de ser o de pensar, todo, puede evolucionar de una manera u otra, transformándote en una persona u en otra.
A veces una metamorfosis es necesaria para darnos cuenta de lo que estamos hechos, de lo que aguantamos, de los sentimientos nuevos que podemos llegar a experimentar, como un hielo fuera de un glaciar flotando en medio de un volcán o una llama bajo una tormenta intentando demostrar lo mal que sientan los cambios, pero adaptarse tampoco es tan difícil, solo basta con poner un techo sobre el fuego para que este no se extinga, y en el caso del hielo, si algo va mal, siempre puedes volver al lugar de donde procedes.
Haz un ejercicio ahora mismo, piensa en las cosas que quitarías de tu entorno y otras que pondrías, bien, ahora piensa en las consecuencias, ¿ocurriría algo malo o bueno? Ahora lo importante, ¿cómo serías tú feliz? Si de verdad quieres reemplazar algo en tu vida hazlo, aunque eso afecte negativamente a los demás, o incluso aunque creas que puede ser negativo para ti, nunca sabes lo que te depara tu futuro, en cambio, si te limitas a seguir tu rutina... tu futuro será igual que tu presente.
Por desgracia (o por suerte) no tenemos oportunidad de repetir nuestras vidas para ver qué hubiese pasado si hubiésemos elegido cosas distintas a la que día a día vamos rechazando o aceptando, y eso es lo que me motiva a cambiar tanto de opiniones, no quiero vivir en un presente continuo, quiero cambiar mi vida hasta encontrar mi futuro perfecto, y si eso implica tener que meterme metafóricamente a volcanes como aquél hielo para ver que necesito seguir intentándolo lo haré, hasta que al fin sea esa fogata que encuentre su sitio, aunque sea bajo la lluvia.
Quien dijo que los cambios son malos es que nunca llegó a arriesgar en su vida.

lunes, 6 de enero de 2014

Parches, el peluche.

¡Felices fiestas, lectores míos! Hoy es el día de los reyes magos, una festividad que trata de regalar juguetes, objetos o incluso animales a los demás. Todos buscan los regalos perfectos para sorprender siempre a los receptores del detalle, pero hasta en estas épocas hay afectados.

Esta historia trata de un peluche llamado Parches.
Nuestro peculiar protagonista no tenía dueño, se limitaba a tener un precio en una tienda donde los demás juguetes podían presumir de rozar la perfección, de que siempre algún niño estaría dispuesto a llevárselos a su cálido hogar donde serían abrazados y participarían en miles de aventuras, mientras que nuestro tigre de peluche se limitaba a ver desde el fondo de la estantería de la tienda donde era vendido cómo cientos de niños elegían a los peluches sin defectos, dejando a Parches sin dueño por su mala fortuna, la falta de su brazo izquierdo dejando un espacio liso.
Día tras día, nuestro adorable pero defectuoso peluche era causante de burlas y mofas de niños que solo buscaban un juguete perfecto que enseñar a los demás y de padres que jamás se gastarían su dinero en un muñeco con un solo brazo. Los críos de la ciudad se agolpaban frente a Parches para centrar su mirada en el hueco vacío que dejaba la ausencia de su inexistente brazo. El peluche empezó a estar harto de esas situaciones, de que nadie le admirase, de que su existencia no importase a nadie, pero él no podía hacer nada al respecto.
Un día una persona vino a recoger a Parches, pero no para llevárselo a su casa, si no para transportarlo a otra tienda donde tal vez su suerte cambiaría, pero después de cambiar de establecimiento varias veces, su futuro seguía siendo el mismo, no hacía otra cosa que lamentarse por su existencia en todo momento, hasta que en navidad fue llevado a una tienda outlet, aquellas tiendas donde son llevados objetos pasados de moda que nadie superficial quiere.
Allí Parches podía ver cómo diferentes personas le trataban como un objeto peculiar, un juguete que ningún niño querría en el pié del árbol de navidad como un regalo más, una ilusión, un amigo, como otros muchos juguetes.
Su suerte no cambiaba, hasta que un día que parecía asemejarse a los demás, una niña de ya avanzada edad que buscaba un regalo que quería comprar para consumo propio se acercó a Parches como si no hubiese visto nada igual en su vida. Nuestro pequeño peluche ya sabía lo que venía después de que alguien se fijase en él: burlas, risas, y luego abandono en aquella vitrina en la que ya tenía asumido que iba a pasar su vida, pero no fue así.
Esta adolescente, Meeri, le agarró de su blando cuerpo de peluche y se lo llevó entre sus manos para propinarle un abrazo que jamás nadie le había dado. Parches, desconfiado, se sintió confuso hasta que comprendió que por fin alguien había sabido apreciar su belleza y su presencia en aquella tienda, y por fin sintió algo que jamás había sentido, la felicidad. La adolescente llamó a su madre con el peluche al que ya había cogido cariño entre sus brazos y le pidió de todas las maneras habidas y por haber que se lo comprase, recibiendo una respuesta negativa que indicaba que jamás compraría un peluche defectuoso como Parches para ella, y esta, apenada, volvió al sitio donde anteriormente se encontraba el peluche. Meeri abrazó al tigre de peluche una última vez a modo de despedida, le separó de su torso y le dirigió a Parches una sonrisa que nunca había recibido, una sonrisa parecida a la que había visto pocas veces entre amigos y entre parejas enamoradas, una sonrisa que cambió su vida por completo. Después de un rato, la adolescente, apenada, dejó con delicadeza a Parches en su pequeña vitrina de cristal, y se marchó de la tienda.
Parches ya no necesitaba nada más para ser feliz toda su vida, ya le daba igual si no tenía un hogar en el que pasar la eternidad, ya había recibido todo lo que quería, alguien que de verdad le admiraba a pesar de su defecto de fábrica, alguien que le quisiera y le diera todo su cariño, aunque solo fuesen unos minutos.
Se quedó en su vitrina de cristal esperando para siempre con todas las esperanzas de que apareciese alguien como aquella adolescente para al menos recibir un abrazo o una sonrisa.

Debido a que esta historia está basada en hechos reales, posiblemente Parches aún sigue esperando a su dueño en aquella vitrina de cristal, apenado al no tener un hogar, pero feliz al saber que aún queda gente en el mundo que sabe apreciar cualquier cosas aunque sufran algún defecto, por grande o pequeño que sea.
La gente solo se dedica a buscar la perfección juzgando a las cosas imperfectas que interiormente son imperfectamente perfectas.