jueves, 26 de diciembre de 2013

Nunca sabes lo que tienes hasta que miras al cielo.

"Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes". Esta frase tal vez sea la verdad más grande y universal que haya existido y existirá en toda la historia.
El ser humano es así de extraño, aún desconocido, y nunca aprecia todo lo que tiene, porque quejarse de lo que no tiene es más fácil que dar gracias por poder disfrutar de sus posesiones o del entorno que le rodea. ¿Cuántas veces has caído en depresión por no tener a la persona que quieres mientras podrías disfrutar de otra gente cercana a ti? ¿Cuántas veces te has revelado contra tus padres u otras personas por querer algo que no te van a dar pese a tener otras cosas que previamente te dieron? ¿Cuántas veces has querido algo o a alguien más que a ti mismo pero lo perdiste por no demostrarlo lo suficiente? Me apostaría cualquier cosa a que más de una vez habéis tenido parte en alguna de estas ocasiones.
El incomprendido ser humano necesita aprender a apreciar todos los detalles de la vida, por insignificantes que sean.
Mira al cielo, ese gran y espectacular lugar donde infinitas nubes flotan como sueños que aún están por alcanzar, vagando sin rumbo mientras buscan algún dueño desde las alturas que las liberen de su tormentosa y condenada libertad.
Tras las nubes se esconde el cielo, que cada atardecer se tiñe de un suave naranja, un naranja capaz de arrancar los sentimientos más ocultos de los solitarios o emparejados corazones haciendo estallar en la mente un sinfín de placenteras emociones debido a la belleza del momento  en el que el sol vuelve a su guarida, dejando paso a la noche, llena de estrellas que junto al fondo oscuro y a la luna simulan un mar de brillantes oportunidades para empezar una nueva vida, emprender nuevos viajes físicos o mentales, o empezar a saber todo lo que ya deberías saber sobre la vida.

Mucha gente no aprecia lo que acabo de describir, simplemente se limitan a pensar que el cielo siempre estará ahí arriba esperando a ser admirado. Realmente nunca sabemos cuándo va a ser la última vez que veremos el cielo en todo su esplendor.
Triste y lamentablemente esto también ocurre con las personas. Nos limitamos a existir sin tener en cuenta el efecto que ejercen los demás sobre nuestras vidas, hasta que un día, física o sentimentalmente, perdemos a alguien que sin remediarlo nos importa. Cuando sufrimos una pérdida así pensamos en lo injusta que es la vida, recordamos en todo lo bueno pasado a su lado, curando las ganas de decirle a esa persona lo mucho que le quieres en vez de haber prevenido este momento.
¿De verdad alguna vez nos molestamos en decir lo mucho que apreciamos a los demás sabiendo que a la mañana siguiente puede que alguien cercano no vuelva a ver el inmenso y azul cielo sobre su cabeza? Aquél cielo tan insignificante a los ojos ciegos que tratan de ver más allá de las nubes, quedándose con la vista envuelta en las motas de polvo que vuelan con la brisa creando laberintos invisibles sobre nuestras mentes indispuestas.

Decide si quieres darle un valor incalculable a las cosas más insignificantes antes de que cualquier día puedas dejar de tener algo que luego eches en falta, disfruta de la gente a la que quieres como si no hubiese mañana, o como me gusta decir, como si no hubiese cielo para rato.

4 comentarios:

  1. Me debes unas patatas. Atentamente: @EstreGo14

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  2. Impresionante. Cada una de tus palabras es increíble. Te aseguro que llevas razón en todo lo que has dicho. Gracias por ayudarme a darme cuenta de la realidad. Atentamente: @ainhoamcclure

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  3. Querido Berto:
    Cada día escribes mejor, no sé como lo haces, pero me llegas, cada entrada que me leo de tu blog me hace pensar y, a su vez, recapacitar. He de decir que con ésta me siento muy identificado. En resumen: Que no dejes de escribir porque lo haces de maravilla.
    PD: Quiero mis patatas :(
    Un Saludo, @CharlieDorne

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  4. Una entrada mas increíble,como todas las demas:') Un beso Albelto!

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