jueves, 28 de noviembre de 2013

Rutina de una estrella apagada.

Hoy por fin me toca ser feliz. Voy a levantarme, voy a cantar, voy a bailar y gritar, y por fin voy a ser feliz. Voy a tener una sonrisa bien merecida en la cara, voy a salir a la calle, voy a pasármelo bien bajo el cegador sol en el despejado cielo que calienta el aire sobre los árboles de los espaciosos e iluminados parques, y al anochecer, podré pasear con tono melancólico pero feliz entre las luces que adornan toda la ciudad mientras parpadean al son de la música.
Luego volveré a casa con tono alegre y amistoso, me daré una refrescante y relajante ducha para posteriormente, acostarme con buen sabor de boca.


Pero ni diez minutos necesito para darme cuenta de que no va a ser así.


Nada más despertarme, abrazo mi almohada en busca desesperada de recibir algo de cariño, aunque solo recibo inanimado calor que sirve para hacerme recordar cosas que no quería rememorar.
Al salir a la calle, no hago otra cosa que escuchar música apagada y monótona, mientras tumbado en el helado césped de invierno miro el encapotado cielo con deformes nubes a las que no encuentro formas aparentes.
El frío entra por cada abertura que queda libre entre mi ropa, congelando mis esperanzas y mis latidos entumecidos por las circunstancias y problemas que me atormentan día y noche.
De vuelta a mi hogar, admiro las luces comparándolas con las estrellas, las cuales están destinadas desde siempre a brillar sin que puedan quejarse, obligadas a lucir aunque se sientan tristes y miserables. Ojalá yo fuese así, capaz de brillar y dejar todo lo malo a un lado, o simplemente camuflarlo.
Al llegar a casa, aún con la ropa de la calle puesta y los cascos sonando en mis oídos, me dejo caer sobre el mullido colchón de mi cama y dejo mi inexpresivo rostro sumergido en la almohada, ahogando mis entrecortadas palabras susurradas que intentan seguir la letra de la canción que puedo escuchar por los auriculares.
Después de un rato con el cerebro inoperativo, me meto a la ducha, donde debajo del caliente agua dejo evaporar mis pesimistas pensamientos hasta que vuelven a mi mente rápidamente precipitándose como una tormenta de verano.
Más tarde, intentando dormir, me hago una bola creyendo que así seré invulnerable a las pesadillas, y empiezo a pensar que mañana me tocará ser feliz al fin, que todo irá bien, que me tocaría ser una estrella más destinada a brillar en el inmenso cielo, pero sabiendo que mañana pasaría igual que hoy, y así, en un círculo vicioso día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año.

4 comentarios:

  1. Muy sincero, ya que, muchos nos sentimos así o nos hemos sentido así alguna vez. Has conseguido plasmar el sentimiento muy bien, me ha gustado ^^

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  2. Bravo. BRAVO. He visto que lo has podido o estas pasar/pasándolo muy mal, pero siempre va a haber algo bueno en toda esta situación. Sólo hay que saber como mirarlo y afrontarlo.
    Saludos.

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  3. Increíble cómo podemos llegar a sentirnos tan solos, tan raros, cuando todos seguimos la rutina de una estrella apagada en algún momento de nuestra vida.

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