sábado, 12 de octubre de 2013

De norte a sur, o de sur a norte.

Camino, camino sin rumbo, dejando mi suerte al azar, y jugando mi vida con el destino. Espero impaciente llegar a algún sitio desconocido, lejos de ojos curiosos, o miradas burlonas, para conectar musicalmente con mis emociones, y, sin embargo, desconectar sentimentalmente con los pensamientos que cada día acaban conmigo.
Basta, he tenido suficiente, suficientes paranoias montadas y desordenadas por mi iluso y aún inocente cerebro. Tal vez no esté preparado para surcar los cielos como los pájaros, libres, y, aún así, atrapados en sus pequeños cuerpos.
Me siento en el césped, que intenta pincharme con sus débiles pero persistentes hojas para evitar ser aplastado, como yo debería intentar picar a mi corazón para no dejar que me manipule haciéndome sentir mal cuando debería sonreír, ser feliz...
Conecto los auriculares y ahí están, ahí se encuentran la sensata letra, la delicada melodía que viaja por mi mente, y la frágil voz de la canción que tantos recuerdos empapados por lágrimas me traen. Lágrimas de tristeza, alegría, odio, rencor, nostalgia... de picos emocionales de los que ya no es fácil salir. Miro al cielo, recuerdo aquél olor que tanto gustaba a mi nariz, haciéndome sentir en aquellos días tan significativos para mi felicidad, y más tarde, mi repentina tristeza.
Suspiro, intentando volver atrás en el tiempo y en el lugar, hasta donde era feliz, donde sabía que todos mis problemas se transformarían en un charco que al sol rápidamente se evaporaría, como lo hacían mis ganas de llorar al estar con la razón de mi sonrisa.
Miro al inmenso cielo, y veo divagar las nubes, de norte a sur, o de sur a norte. Recuerdo promesas, promesas vacías, promesas rotas como un juguete tras ser usado durante un periodo de tiempo y tirado como algo inútil en el contenedor, asemejándose a algo que siempre ha carecido de sentido, aunque en su triste verdad, esconde emociones sentidas a flor de piel. Pienso en el tiempo del pasado, en los lugares visitados, en los recuerdos mezclados con las promesas rotas, y me pregunto, "¿a dónde han ido? No hay lugar para esconder algo tan grande como todo eso".
Sin esperar respuesta ajena, me digo a mí mismo: "Intentarán esconderse junto a lo más hermoso de nuestro mundo, que aún así, pasa desapercibido... viajando de norte a sur, o de sur a norte".

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