sábado, 28 de septiembre de 2013

El Cubo de la Vida.

Me despierto en una habitación negra, tan oscura que me provoca claustrofobia, y con poco oxígeno, como si nunca hubiese entrado una corriente de aire dentro.
Me intento levantar del suelo, pero mis fuerzas son escasas, hasta que sin saber cómo, mantengo los pies sobre el suelo, mientras intento no caerme.
Una vez de pie me limito a mirar de un lado a otro, como si creyera que con solo mi mirada pudiese lograr escapar o ver a través de esas claustrofóbicas paredes.
Decido andar hacia uno de los lados.
Un paso, otro paso, y otro. Al tercer paso por fin puedo tocar uno de los lados, y al entrar en contacto con la lisa cobertura, desde mi mano hasta mi interior siento cómo recorre rápidamente la angustia, claustrofobia... empiezo a agobiarme, y  noto más sentimientos desoladores casi imposibles de describir.
Al final, siento frío. Quito la mano y pienso: ''Debe de haber una puerta, seguro''.
Me alejo dos pasos de esa desoladora pared, y me dirijo hacia la izquierda, dando pequeños pasos para no darme contra los tabiques.
Alargo el brazo, y siento algo frío y cortante, la pared número dos.
Intento acariciar el muro para encontrar algo, pero cuando más acariciaba la pared, empezaba a sentir miedo, terror, e incluso noto como se me pone la piel de gallina poco a poco, como si la pared me transmitiese esos sentimientos de alguna manera desconocida.
De repente, sin pensarlo, quito las manos de la pared y doy unos pasos atrás agonizado por el miedo, y sin querer, toco la pared número tres, que se encontraba paralela a la número dos, esperando que nada ocurriese.
Ojalá hubiese sido así.
Una vez tocada la tercera pared, como si no hubiese vuelta atrás, trato de encontrar algo que me permitiese salir de aquél cubo de torturas, pero, de repente, noto como mi corazón fuese más despacio de lo que normalmente va, y siento como me invade la tristeza y un horrendo sentimiento de remordimientos sin ninguna razón, que no me deja respirar, como si tuviese el corazón y los pulmones llenos de ardientes y apretadas zarzas.
Cada vez tengo menos fuerzas, y siento como si mis piernas fuesen de algodón.
Al separarme de la tercera pared, me desplomo en el suelo, y me encuentro totalmente en blanco, sin saber que hacer, encerrado en aquel cubo anormal que controlaba mis sentimientos.
Con esperanzas de encontrar la salida, recuerdo que me falta un último tabique. Me arrastro por el suelo hasta llegar a la pared número cuatro, y antes de tocarlo, me pregunto qué sentiría ahora. Alzo mi mano para tocar el muro, y con la ayuda de su apoyo, me levanto para poder intentar buscar la salida.
Al contacto físico con la cuarta pared, cada segundo que pasaba, mis venas empezaban a encoger, sin dejar paso a la sangre. En ese instante, solo siento ira, dolor, ganas de gritar y romper todo a mi alrededor. A continuación, mi mente simuló que las paredes caían sobre mi, haciendo desplomarme sobre el suelo mientras mis venas, de una en una, estallaban. Me quedo quieto durante un corto periodo de tiempo, pero, sin evitarlo, al sentir tanto dolor, me retuerzo por el suelo del maldito cubo.
Agonizado por el miedo de morir, empiezo a retorcerme por el suelo debido al dolor. En uno de mis vuelcos sobre el suelo, siento algo, algo duro que da contra mi pierna, a si que sin pensarlo dos veces, me acerco lentamente, y me dispongo a cogerlo. Una vez en mi mano, descubrí que era una linterna.
Me siento aliviado, pero no por ello menos dolorido. Presiono el interruptor de la linterna para descubrir lo que me rodeaba, y vi las paredes, todas ellas negras, pero cada una con un tono, manteniendo su aspecto lúgubre. Mirando detenidamente en cada muro, descubrí que no había vía de escape posible.
Noto como me arde el cuerpo, y me tumbo mirando hacia arriba, con ánimo de recordar lo único que en ese momento me podría distraer, las estrellas.
Apoyando la linterna en mi tripa, el techo se iluminaba, y pude descubrir que arriba había una trampilla con posible huida.
Utilizando mis últimas fuerzas, intento ponerme en pié, pero al intentar apoyar el brazo, me caigo rápidamente, haciendo que me duela aún más el brazo, aún con las venas estallando ordenadamente.
Al lado de la trampilla había un megáfono, por el que una voz macabra citó: "Este cubo, llamado El Cubo de la Vida, representa la vida gráficamente. Te preguntarás: "¿por qué un cubo?", y mi respuesta es sencilla. Nosotros, las personas, estamos atrapados en un cubo, llamado la vida. Nadie ha elegido entrar, pero una vez dentro, no hay forma sana de escapar. El objetivo de este malévolo proyecto es enseñar de una forma algo descabellada el secreto de la vida. Su moraleja trata de que, antes de sentir todos los sentimientos que afectan tanto físicamente como sentimentalmente a nuestra persona, nos ocupemos de buscar en lo más alto, buscar la felicidad con la ayuda de la esperanza, representada como la quinta y última pared. Nadie consigue salir vivo de aquí, ya que en la vida no nos enseñan a buscar bien la felicidad, si no a tener miedo de nuestras acciones, a ponernos en el peor de los casos antes de pensar en lo bueno, de ser optimista, para que la gente no pueda ser feliz jamás...". A continuación de esta frase, no pude oír con claridad nada más.

Automáticamente, entiendo todo, y sin poder evitarlo, se me dibuja una sonrisa en la cara.
De repente, siento como iba desapareciendo mi dolor... y los malos sentimientos transmitidos por cada una de las paredes...
Al instante, todo se volvió negro.

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